Después de cinco años desde la última película de la saga, Resident Evil vuelve a la gran pantalla con una nueva propuesta que entiende mucho mejor qué hace especial a los videojuegos. Dirigida por Zach Cregger (Barbarian, Weapons), esta nueva adaptación presenta una historia completamente nueva y no continúa las películas anteriores. La película sigue a Bryan (Austin Abrams), un repartidor médico que llega a Raccoon City durante una noche que rápidamente se convierte en una auténtica pesadilla. Lo que parecía un simple encargo acaba llevándolo al centro de un brote provocado por Umbrella, con zombis, criaturas y todo tipo de situaciones cada vez más salvajes.

Uno de los grandes aciertos de la película es precisamente su capacidad para transmitir la sensación de estar jugando a un Resident Evil. Hay momentos en primera persona que parecen sacados directamente de un videojuego, además de planos sobre el hombro, puertas cerradas, objetos que encontrar, armas, munición limitada y diferentes zonas que explorar. No es simplemente una película que utiliza el nombre de Resident Evil: se nota que Cregger ha estudiado cómo funcionan los juegos y ha intentado trasladar esa experiencia a la gran pantalla. La estructura por diferentes situaciones y “misiones”, junto con determinados recursos visuales, refuerza constantemente esa sensación.
Otro de los puntos fuertes es el humor, que aparece en numerosos momentos pero está bien integrado dentro de la historia. Bryan no es el típico héroe preparado para enfrentarse a un apocalipsis zombi, sino un personaje corriente que se encuentra completamente superado por las circunstancias. Esa perspectiva permite introducir situaciones realmente divertidas sin que la película abandone su componente de terror. El equilibrio entre humor, tensión y acción es precisamente uno de los aspectos que también han destacado varias de las primeras reseñas publicadas.

Y si hay algo que los aficionados al gore pueden esperar, es que la película no tiene miedo de mostrar sangre. Las criaturas, las mutaciones y las escenas más desagradables tienen bastante presencia, y Resident Evil abraza completamente su lado más salvaje. Además, se nota que la película no se limita a inspirarse en las primeras entregas de la saga. Hay elementos que recuerdan claramente a juegos posteriores, con referencias y criaturas que parecen beber de conceptos vistos en títulos como Resident Evil 4. También aparecen detalles reconocibles para los jugadores, como las hierbas verdes, las máquinas de escribir y diferentes mecánicas trasladadas al lenguaje cinematográfico.
Eso sí, hay una decisión que puede generar debate entre los seguidores de la saga: los grandes protagonistas de los videojuegos no aparecen. No tenemos a Leon Kennedy, Jill Valentine, Chris Redfield ni Claire Redfield como protagonistas de esta historia. Cregger ha optado deliberadamente por crear nuevos personajes en lugar de utilizar a los clásicos, una decisión que el propio director ha explicado señalando que no quería intentar sustituir o modificar personajes que ya funcionan en los videojuegos. La elección permite que la película tenga su propia identidad, pero también deja una pregunta interesante para una posible secuela: ¿sería posible ver en una próxima entrega a personajes como Leon, Claire, Jill o Chris? Con una historia que deja espacio para continuar, sería una posibilidad especialmente atractiva para los seguidores de la franquicia.

En definitiva, Resident Evil merece un 9/10. La película funciona especialmente bien cuando apuesta por aquello que hace reconocible a la saga: terror, gore, humor, criaturas y, sobre todo, esa sensación de estar jugando a uno de sus videojuegos. Cregger consigue trasladar a la gran pantalla elementos propios del survival horror sin limitarse a reproducir una historia ya conocida. El resultado es una película muy entretenida, sangrienta y con una personalidad propia, aunque su tramo final puede resultar algo menos sólido que el resto. Aun así, deja la puerta abierta a seguir explorando este nuevo universo cinematográfico y, teniendo en cuenta el cariño que existe hacia la saga, queda una pregunta en el aire: ¿veremos finalmente a Leon u otros personajes clásicos en una futura secuela?
Resumen de la crítica
Resident Evil recupera el espíritu de los videojuegos con una historia que combina terror, acción y humor de forma muy equilibrada. Los momentos en primera persona consiguen transmitir una auténtica sensación de estar jugando, mientras el gore y las criaturas demuestran que la película no tiene miedo de mostrar su lado más sangriento. Además, se nota la inspiración en diferentes entregas de la saga, especialmente en los juegos posteriores. Una adaptación muy entretenida que deja abierta la puerta a una posible secuela y a la aparición de personajes tan queridos como Leon Kennedy.