febrero 13, 2026
IMG_0408

El pasado 16 de enero de 2026 Walls —nombre artístico de Ginés Paredes— publicó su tercer álbum de estudio, El día que me olvides, un trabajo que marca un salto cualitativo y estilístico en su discografía y lo sitúa como una voz cada vez más sólida dentro del pop-rock español actual. En este proyecto de doce canciones, producido junto a Liam Garner y Lalo GV, el murciano explora la memoria, la vulnerabilidad y la identidad con una honestidad que raramente se escucha con tanta sobriedad en el circuito musical contemporáneo.

Un rock vulnerable y sin artificios

Si hay una palabra que define este álbum, es orgánicoEl día que me olvides encarna un sonido que dialoga sin complejos con el rock clásico de los 90, pero lo filtra a través de una sensibilidad pop contemporánea que lo hace accesible sin necesidad de trivializarlo. Las guitarras presiden un espacio sonoro en el que las estructuras respiren, donde los arreglos no buscan el efecto inmediato sino que se desarrollan con paciencia y coherencia, reforzando la naturaleza íntima de las letras.

Walls ha definido su apuesta como un abrazo al rock vulnerable y sincero, en contraste con la imagen más alardeante que a veces se asocia al género. En sus propias palabras, «necesito hacer algo que se quede por si yo no estoy. Canciones que perduren para vosotros como perduran las que mi viejo me enseñó a mí y cantamos sin siquiera saber el autor».

Melodías al servicio de la emoción

La melodía que envuelve en general a El día que me olvides se mueve entre lo evocador y lo reflexivo. No hay grandes pretensiones virtuosas ni fuegos artificiales: la propuesta es simple, pero efectiva. Cada tema articula una línea melódica que acompaña las palabras con una elegancia despojada de excesos, dejando que la voz de Walls —más expuesta que nunca— lleve el peso emocional de cada historia.

Este enfoque favorece la cohesión del álbum: desde fragmentos más eléctricos hasta pasajes dominados por guitarras acústicas, el desarrollo armónico se siente como una conversación continua, una sucesión de momentos conectados por una escucha sostenida y atenta.

Identidad, despedidas y memoria

El corazón del álbum está en unas letras que no pretenden resolver grandes enigmas, sino más bien vivir con honestidad las preguntas que surgen al mirar atrás. Ya desde el título, El día que me olvides funciona como una provocación suave: una reflexión sobre lo que permanece cuando dejamos de estar, y sobre la memoria como un territorio complejo y mutable.

Las canciones abordan temas que van desde las despedidas y las relaciones personales hasta el peso de las expectativas y la fragilidad inherente de ser humano. En ese sentido, el álbum no escapa al riesgo de sonar confesional, pero lo hace desde una perspectiva madura y reflexiva, evitando la trampa del sentimentalismo fácil.

Una de sus piezas más destacadas ha sido Vulnerable” —en la que Paco Salazar también ha formado parte de la producción—, una colaboración con Dani Fernández que se ha convertido en un puente narrativo dentro del álbum, hablando de inseguridades, apoyo emocional y la necesidad de cercanía en un mundo que a menudo obliga a esconderse detrás de máscaras.

Evolución artística

Comparado con sus trabajos anteriores —Los niños del parque(2022) y LUNA 18 (2024)—, El día que me olvides representa una evolución clara hacia una expresión más sincera y matizada de sí mismo como artista. Lo que antes podía percibirse como una etapa vital joven y energético se transforma ahora en capacidad para sostener la emoción sin refugiarse en clichés estilísticos.

Son precisamente estas elecciones las que convierten al álbum en algo más que una colección de canciones: es un proyecto que se siente como un diálogo continuo entre el creador y el oyente, un intento de construir territorios compartidos de experiencia y memoria. Aquí, el rock y el pop sirven de vehículo para una narrativa que no rehúye reconocer la fragilidad, las contradicciones ni las preguntas abiertas del crecimiento personal.

Conclusión

El día que me olvides es un trabajo profundo, sincero y coherente con la evolución de Walls como artista. Es un álbum que no teme mirar de frente a la fragilidad y convertirla en fuerza, que utiliza el pop rock con sabiduría y sensibilidad, y que se instala con firmeza en el espacio emocional del oyente. Más que un disco, es una invitación a escuchar con intención y a dejarse atravesar por memorias y emociones que —como su título sugiere— tal vez no olvidaremos tan fácilmente