El joven artista Martin Urrutia ha estrenado su nuevo single «Otro verano» este pasado 16 de enero de 2026, consolidando así la senda emocional y sonora que ha trazado desde «rompeolas», «Nadadora» y «Nuevos recuerdos». Compuesta por el propio Martin junto al dúo Hidrogenesse, responsable también de la producción de su próximo álbum debut, esta canción es más que un simple adelanto: es un gesto de honestidad íntima que explora el paso del tiempo, la memoria y la experiencia vital desde una perspectiva profundamente personal.
Un estilo musical delicado y expresivo
«Otro verano» se desenvuelve con un tempo moderado y una estructura sonora que se apoya en el pop alternativo con tintes nostálgicos, donde los elementos electrónicos y orgánicos dialogan con delicadeza. La producción de Hidrogenesse, reconocido dúo de la escena independiente española, aporta al tema una atmósfera suave y envolvente que realza la voz de Martin sin artificios innecesarios. El resultado es un paisaje sonoro donde cada capa —instrumentación, arreglos y voz— se siente colocada con intención y tacto.
La sensibilidad del arreglo evita los picos bruscos, prefiriendo transiciones graduales que envuelven al oyente y dan espacio para que la canción respire. Esa calma —estrictamente controlada— no es pasividad, sino un ejercicio consciente de cercanía: como si cada nota fuera un paso dentro de un recuerdo familiar que se reconstruye con claridad y cariño.
Nostalgia sin pena
La melodía de “Otro verano” se sustenta en una escritura deliberadamente intimista y envolvente, alejada de excesos técnicos y apuntando directamente al corazón del oyente. Esta melodía se despliega con una serenidad que remite a los momentos que inspira: los veranos de juventud, los recuerdos compartidos y los instantes que parecen eternos cuando los vives, pero que solo encuentran sentido cuando los evocas. La línea vocal principal —cantada con un timbre suave y claro por Martin— se despliega sobre una escala relativamente estrecha, lo que favorece la sensación de cercanía. Este enfoque permite que la voz actúe como hilo conductor de la narrativa emocional: cada frase parece articular un recuerdo grabado a fuego, desde los veranos de los 15 años hasta los 20. Expresa una nostalgia serena, una reflexión sobre cómo determinadas experiencias —tanto dulces como inquietantes— moldean quiénes somos. La canción es, en ese sentido, una conversación con uno mismo más que un simple relato cronológico: se trata de una invitación a sentir sin caer en la sentimentalidad fácil.
El patrón melódico evita grandes saltos dramáticos; en lugar de eso, prefiere transiciones graduales y pausadas que refuerzan la naturaleza contemplativa de la letra. Esta elección compositiva —melodía contenida, fraseo claro, ausencia de adornos superfluos— permite que el oyente se identifique con facilidad. La claridad melódica actúa como una puerta de entrada: no distrae, sino que invita a escuchar con atención. El resultado es una canción que se queda en la mente sin aparente esfuerzo, precisamente porque lo único que exige esta canción es presencia y atención.
Este diálogo entre melodía y producción metódica se manifiesta especialmente en los momentos en que la instrumentación se retrae justo antes de un estribillo o verso clave, dando espacio a la voz para que ocupe todo el foco expresivo. Cuando los elementos musicales reaparecen, lo hacen de forma orgánica: no irrumpen, sino que envuelven al oyente con una textura más rica, como si guiara al oyente por capas sucesivas de memoria.
La voz de Martin: timbre, presencia y emoción
Una de las señas de identidad más marcadas de «Otro verano» es la voz de Martin. Su timbre —calmado, claro y con una fragilidad contenida— atraviesa la canción con una pureza que cala hondo. Esa voz, al mismo tiempo cercana y expuesta, es lo que permite que la pieza funcione como algo más que una canción nostálgica: se convierte en puerta de acceso a una experiencia compartida, donde el oyente no solo escucha, sino que se reconoce.
Esa cualidad vocal, delicada pero firme, no se limita a sonar bien: se cuela hasta el último recoveco del cerebro, dejando una marca emocional que no se borra con una sola escucha.
La producción de Hidrogenesse: elegancia y sensibilidad
La contribución de Hidrogenesse en la producción es clave para entender por qué «Otro verano» suena como suena. Este dúo, con una larga trayectoria en la escena indie y electrónica, ha sabido acompañar sin imponerse —está claro que los tres artistas han sabido entenderse y lo han podido plasmar a la perfección—, dejando que la narrativa emocional de Martin sea el corazón del tema. Los arreglos combinan elementos electrónicos tenues con texturas acústicas ligeras y sutiles, pads envolventes y un uso muy calculado de la instrumentación acústica; una mezcla que refuerza la atmósfera introspectiva sin caer en la redundancia.
La apuesta musical es, en ese sentido, inteligente y valiente; es una canción que no necesita estridencias para llamar la atención, su fuerza reside en la coherencia entre sonido, letra y emoción.
Al final, la marcación más valiosa de «Otro verano» no es su aparente simplicidad, sino la decisión de adoptar una estética que confía en la sensibilidad del oyente. La producción no disfraza, no oculta, no compite: acompaña y profundiza, haciendo de esta canción una pieza esencial para entender no solo la dirección musical de Martin, sino también su manera de sentir y de compartir su universo interior con quienes lo escuchan.
Más que una canción. Una pieza de identidad artística
Con «Otro verano», Martin ha vuelto a calar y a dejar una huella imborrable en todos aquellos que la han escuchado. En definitiva, “Otro verano” es una canción que late con la memoria y la sensibilidad, que invita tanto a la introspección como a la compañía, y que se presenta como uno de los momentos más significativos del pop alternativo español reciente. Es una pieza que reta a escucharte a ti mismo mientras la escuchas, y eso, en el paisaje musical actual, es mucho más de lo que muchas canciones pueden decir.